La ciudad vivida
La ciudad es tan triste
en estas tardes yertas,
cuando por la memoria
andas como un espectro
escuchando tus pasos
en las calles sin nadie.
Todo lo que se ha muerto
en ti, dentro de ti,
-la vida ilimitada
que pareció posible-
pesa, como una honda
derrota. Y no es fácil.
No es fácil para nadie
porque nadie está vivo
en estas tardes largas
cuando la vida tiene
más años aún que tú
y sabes que has perdido.
Y sabes ya del próximo capítulo
por noticias antiguas de viajeros.
Es el mal de vivir,
en su acepción burguesa,
como un vicio secreto
de la ciudad que habitas.
Displicente y amarga,
prefigura la noche.